¿QUÉ ES UN CURSO OWD?



Para los lectores ajenos a este mundo subacuático creemos que es necesario aclarar que un CURSO OWD -Open Water Diver, la cultura anglo sajona también se ha impuesto bajo el agua-, es el que te capacita para poder ejercer el buceo en todos los rincones del mundo.

Lo bueno de este curso es que te introduce gradualmente en el conocimiento de este deporte que, realizado con riguroso cumplimiento de los protocolos, creo que se puede calificar de “bajo riesgo”.

Para abrir boca: Clases Teóricas. Cuando te las anuncian, tú que te has apuntado para meterte en el agua, te sientes un poco defraudado. Después de las clases, dices: ¡Menos mal que me explican donde me voy a meter!. Y así es, el conocimiento de los riesgos que se corren en un ambiente hiperbárico -sometido a mayor presión que la atmosférica-, es fundamental para poder evitar sus peligros.

En el curso es necesario adquirir esos conocimientos, tanto en las partes más atractivas: conocimiento del equipo, del medio subacuático, de las leyes físicas que nos afectan bajo el agua, la incidencia en nuestro cuerpo de los incrementos de presión; como en las partes más áridas: tablas para el cálculo de tiempos de descompresión y fórmulas de cálculos de consumos.

Despué...al agua, pero de momento en una piscina. Allí se inicia el conocimiento del mundo subacuático. Primero con el equipo ligero: gafas, tubo y aletas, aprendiendo a racionalizar la respiración, a manejar las aletas, a sumergirse. Y luego el equipo pesado: chaleco, regulador, botella, y a respirar debajo del agua. Primera sensación totalmente nueva.

Luego a aprender a manejarse, a controlar ese equipo, que es realmente pesado. Comienzan los ejercicios: soltar y recuperar el regulador -es curioso este ejercicio que supone perder temporalmente la posibilidad de respirar bajo el agua no suele entrañar dificultad para ningún alumno-, y el “rubicón”: vaciar la máscara. Este es el ejercicio que marca la diferencia, el que pone en evidencia quien va a tener problemas para continuar. En realidad no es el ejercicio más complejo, pero sí el que exige mayor control mental, clave en todo este mundo subacuático.

Completadas las prácticas de piscina con otros muchos ejercicios, por fin al mar. El destino varía. En verano vamos al Cantábrico, en invierno buscamos las aguas mediterráneas.

Primero en zonas de poca profundidad, para repetir los ejercicios de piscina, y una vez suficientemente preparados: las inmersiones en toda regla desde embarcación.

Todas estas inmersiones se plantean en condiciones de máxima seguridad, que comienzan por el ratio de alumnos/monitores, un máximo de 8 alumnos con 4 monitores. La experiencia para todos ellos suele ser magnífica. Por una parte la total entrega de los alumnos, que ya desde la playa salen encantados por la sensación de “volar” bajo el agua y descubrir un mundo hasta ahora vedado para ellos, por otra la de los monitores al ver ese entusiasmo y esa sonrisas de placer al salir a superficie.

Los alumnos terminan el curso con unas ganas enormes de explorar ese mundo recién descubierto, y los monitores con el ánimo renovado para el próximo curso que se hará.

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