EL PARQUET Y LA GRAVEDAD,

CRÓNICA DE UNA OWD NOVATA



Todo empezó hace tres semanas, 4 chicas y 4 chicos, que se animaron a adentrarse en el conocimiento de las técnicas del submarinismo en aguas abiertas.

El día de la presentación del curso, Gabi nuestro Instructor, ya nos expuso lo que iba a ser el curso, parte teórica y parte práctica, en la piscina y en el mar. Y lo que se esperaba de nosotros, atención y seriedad. La cosa no era para tomárselo a broma aunque el ambiente fuera simpático. Para el lunes teníamos que leernos 2 temas del libro... y haré preguntas, nos despidió Gabi.

Todo el fin de semana paseé el libro de Logroño a Santo Domingo, de la habitación al salón e incluso al baño, y llegando el lunes logré leérmelo entre conversaciones de mi madre, mis sobrinos, los mordiscos de mi gata y la peli de Antena 3. Pude hacerme con algunos nuevos términos como regulador, compensador de flotabilidad, aletas, escarpines...

El lunes llegó y Constan nos enseñó lo que compone el equipo de buceo autónomo, a saber, un montón de enseres con los que íbamos a parecer marcianos, gafas incluidas.

Algunos compis trajeron sus equipos básicos, con cierto nivel, nos contaron sus bautizos en el mar, el snorkel practicado y las ganas de bajar a más metros. Constan amablemente nos sacaba de dudas y nos indicaba la mejor opción y la conveniencia o no de ciertos equipos. A qué temperatura vamos a estar en el mar, a 18 grados, qué frío, qué traje vamos a llevar, se puede uno seco. Para desgracia de algunos la respuesta fue no. Para eso hay que hace otro curso más avanzado, así que nos tocará bucear con traje húmedo. Mi pregunta fue que si te mojabas con el traje húmedo, algo que se cae por su propio peso.

La siguiente sesión fue con Jesús, nos ilustró sobre los distintos principios físicos que influyen en el medio submarino, todos basados en la presión y el comportamiento de los gases a distintas profundidades y presiones. Con lo que supone ciertos peligros físicos en la práctica del buceo, en fin, algo no apto para hipocondríacos, aunque lo que más me alucinó fue que en caso de mareo y/o nauseas se podía vomitar debajo del agua por el regulador. Ni me imagino cómo se puede llegar a hacer y la verdad que en las prácticas nadie llegó a tal extremo. Y me produce una gran curiosidad, pero espero no pasar por ello y quizás tenga que presenciarlo, y no me toque compartir el regulador, aunque en caso de estar en apuros prefiero sobrevivir a ser remilgada.

El día de las tablas no estaba yo muy centrada y más bien me sentía un pelín desmotivada porque después de la clase anterior, el buceo no parecía una práctica muy divertida. El instructor lo intentó pero creo que la mayoría nos perdíamos entre tanta sigla TNF, TF, y rizando el rizo con el cálculo del ejercicio al revés. Lo que se me grabó a fuego fue lo de la parada de seguridad. Algo que te salva de todos los males submarinos, lesiones por sobreexpansión y enfermedad descomprensiva, ejem ... sólo oír su nombre causa ruina....naino naino naino.

Después de todo esto por fin llegó el momento del reparto de equipos, la cosa ya empezaba a animarse, menos mal. Nos pusimos en fila y Gabi nos fue equipando.

Yo esperaba un traje mono para chicas, tipo Hello Kitty, pero en realidad, nos toco modelo macho buzo talla 2, en mi caso. Unos más o menos acertados con la talla, porque o el pantalón iba corto o la chaqueta estrecha, los niños parecían toreros buceadores.

En fin era lo que tocaba, ya nos compraremos el supertraje mega última generación con mogollón de historias para ser los más cool del mundo submarino. Aunque seguro que terminamos tirando del alquiler del club, que bromas, a parte, no resulta nada mal, después de todo una se acostumbra y es bastante apañadito.

El día que repartieron el equipo, se estrenaba el nuevo suelo de tarima, para mi desgracia y por culpa de la ley de la Gravedad, a saber: “cuando uno coge el cinturón de lastre por el lado equivocado, debido a la atracción directa que sufre el lastre por la fuerza gravitatoria de la tierra, la distancia que separa el lastre del nuevo suelo entarimado se acorta a una velocidad directamente proporcional al pique que queda grabado en la tarima”. Esto también es aplicable a la posibilidad de que una vez en el mar, te toque bajar varias veces al fondo a recoger el lastre. Resultó muy ilustrativo.

Y por fin llegó la piscina, nos embutimos en los trajes de rana y una vez hecho los repartos de pareja, nos mandaron meternos al agua rebozados en neopreno, con la sensación de flotabilidad positiva elevada al cubo.

Pasados los malos tragos de agua que me pegué por no tener bien colocada la boquilla del tubo, empecé a sentirme poco a poco cómoda con el equipo y menos mal que la cosa fue gradual porque una termina con 30 kilos sobre el cuerpo. Con esa cantidad se llega a pensar que va ir directo al fondo, pero no, FLOTA.

Y empezamos con los ejercicios varios, quitarse y ponerse las gafas, vaciar el agua de las gafas -algo que parece de magia, y que es lo que más me gustó aprender-. Sin menospreciar a las distintas técnicas para compartir aire. Son de lo más amorosas y requieren de todo un ritual de “cortejo”, que a mí me hizo, en más de una ocasión, reírme a carcajadas incluso debajo del agua. Entre práctica y práctica ya empezamos a bucear y a estar cierto tiempo en el fondo, así que al final de cada sesión ya se nos notaba en la cara, el cansancio y también la satisfacción de lo logrado.

Y llegó el examen escrito, por Dios, las tablas que no entren, ni tu tía. Existe otra ley que corrobora el hecho que cuando no te has estudiado algo bien pues cae en el examen y con DIBUJOS y todo, eso no se hace. Aunque para ser sincera, el examen fue bastante facilillo, para todo el mundo.

Por fin llegó la hora de la verdad, hicimos las dos maletas, la del equipo y la propia, vamos 40 kilos, y nos pegamos 6 horitas de viaje hasta Jávea.

Mereció la pena el viaje hasta allí, porque el sitio está genial, tranquilo y agradable, el tiempo fue maravilloso, sin viento, cielos despejados y mar tranquila como una piscina.

El sábado nos levantamos prontito y después de un copioso desayuno para que no nos flaquearan las fuerzas, todos nos dirigimos a club de buceo de Javea, ansiosos y expectantes para con la experiencia en el mar.

La primera inmersión fue en la playa, con todo el equipo, incluido el ordenador de buceo, bajamos a 5 metros. Nos juntamos todos en el fondo y estuvimos haciendo todos los ejercicios que practicamos en la piscina.

Emocionada por la esperada visita de peces y la visión del fondo, lo que sí recuerdo por contrario, es la aparición de una micromedusa perdida de su manada, y un montón de arena y aletas que abrían surcos en el fondo dónde los que íbamos detrás echábamos semillas para plantar patatas submarinas.

Una vez hechas las dos inmersiones de la mañana y con muy buen sabor de boca, nos fuimos a comer a un chiringuito del paseo marítimo con unas vistas estupendas de la bahía.

Después de la estupenda comida, a casi nadie le apetecía ponerse el buzo húmedo, pero que muy húmedo y sumergirnos en la playa para completar el programa del curso. Con público de la tercera edad inglesa que se nos acercaron con gran curiosidad y supongo que pensando que estábamos un pelín locos, menos mal que le aclaré a uno que se trataba de un curso de buceo, y que no andábamos haciendo inspecciones del fondo en busca de alguna cosa extraña. Hicimos la tercera inmersión, fue estupenda y aunque la visibilidad fue peor por la hora, nos animamos tanto que al subir a superficie fue cuando nos dimos cuenta de lo lejos que estábamos de la playa. Poco a poco y con un olorcillo a alioli en el aire que nos delataba lo comido, regresamos nadando a la orilla.

Y llegó el día y la hora de la verdad... nos repartieron en barcos, el amarillo,

el rojo

y el negro-pirata.

Todos equipados, y con el jacket y la botella (bombona,jejejeej) para la segunda inmersión cargados en la zodiac, dejamos el puerto y salimos a la bahía que conforman los dos cabos, el de San Antonio y el de la Nao, el día claro, temperatura exterior agradable, el macizo del Montgó a la derecha, la expectación a flor de piel, la zodiac pirata que adelanta a la rojo lentorra, ....

Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela... en mi cabeza, la brisa en mi cara y... llegamos a la PARED NEGRA.

Guau, el nombre se las trae para primera inmersión en aguas abiertas, 17 metros dijo el patrón de la zodiac negra. El baile empieza, todos contentos pero contenidos, y a tirarse al agua con caída libre hacia tras con el regulador en la boca, las gafas puestas y sujetándolo todo para no perderlo.

Una vez en el agua todos en busca de nuestro mejor amigo, el cabo del ancla.

Los primeros descienden, todos mirando desde la superficie con la cabeza metida en el agua cómo bajan por “nuestro amigo”, mi turno, millones de burbujitas me acompañan desde abajo y a mi lado, veo a mis compis desde arriba y pienso que me adentro en un mundo nuevo, diferente a lo que hay en superficie.

Todos en el fondo, todos OK y todos a bucear a 17 metros, miro el ordenador de buceo, compruebo la profundidad y la temperatura, 17 grados y no tengo frío, será la excitación. Los primeros peces, y pasamos por debajo de una gruta por encima de nosotros un agujero dónde asoma un haz de luz, precioso, un compa lo pasa boca arriba, qué avanzado. Salimos de la gruta y seguimos por la pared, miro el manómetro y veo que me quedan 70, todos ok, y subimos a la superficie.

Las primeras impresiones, todos contentos, alucinados, aunque algunos helados. Menos mal que en la barca, nos espera un cafecito bien caliente con una magdalena que nos da la vida.

Dejamos la Pared Negra, heladora por la ausencia de sol y luz de ahí su nombre y nos dirigimos a la segunda inmersión en Santa (no me acuerdo del nombre). Ahí, ya nos dividieron, e hicimos la inmersión por parejas con un instructor. Oscar nos llevó por la ruta indicada y pudimos ver un montón de peces, dos pulpos, uno enorme. Bajamos a 21 metros, y aún se veía un corte inferior a nuestra derecha, dónde un banco enorme de peces que no reconocí hacía una cortina plateada en movimiento preciosa.

Subimos a superficie, casi haciendo un globo por la pérdida de peso al vaciar aire de las botellas, con la satisfacción de la prueba superada y de la buena experiencia vivida.

Ya en el barco pirata y de regreso al puerto, comentarios positivos y ganas de volver a repetir, porque el principio físico que demuestra esto es el siguiente: “toda experiencia realizada en buena compañía es directamente proporcional al buen sabor de boca que deja“.

Y ya sólo me queda deciros ¿cuándo hacemos la próxima?....OK

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