VIAJE A LA RIVERA MAYA.

JUNIO DE 2.009.


NOTA: Esta crónica fue escrita en Julio de 2.009. A fecha de hoy sabemos todos que ha sido de la gripe A...

En Septiembre de 2.009 otros socios del club hicieron un viaje similar, y en Junio de 2.010 otro grupo de socios los está programando

Ya de regreso intentamos recapitular nuestro primer gran viaje del año 2.009.

LOS PREPARATIVOS.

Como podéis imaginar, al tener en esas fechas como destino Méjico, ha sido un viaje marcado por circunstancias ajenas al buceo. El viaje se empezó a gestar en Febrero, y en 15 días surgió un nutrido grupo de buceadores, 21, acompaÑados de 2 no buceadores, totalmente encandilados con la idea de bucear en los arrecifes de Playa del Carmen y Cozumel, pero sobre todo en los CENOTES, y encima con la posibilidad de nadar junto a Tiburones Ballena. Todo ello guiado bajo el agua por unas de las personas que más prestigio tienen dentro del mundillo del buceo: Pepe Esteban y Vicente Fito, de Playa Dive Center, y además en un entorno mitificado por la presencia de los restos de la cultura Maya.

El primer contacto telefónico con Pepe ya nos dejó entrever lo excepcional de su personalidad. Enamorado de su profesión, uno de sus objetivos fundamentales es hacer disfrutar al máximo a los que le acompaÑan bajo el agua. La cosa se planteaba bien, tenían posibilidad de atender a tan numeroso grupo, y además nos prometía venir a saludarnos a Logroño dentro del viaje que tenía planeado a España en Abril.

Con todo planificado empieza la larga cuenta atrás que habría de durar 3 meses. Entretanto el 23 de Abril suena el teléfono, es Pepe que está en LogroÑo y lleva un buen rato intentando localizarnos. Rápidamente la noticia se extiende por el grupo y casi todos sus componentes nos vamos dando cita en diferentes lugares de la ciudad, por donde vamos “paseando“ a Pepe, o mejor es él el que nos va paseando a nosotros por su mundo, poniéndonos los dientes largos con los planes a desarrollar en nuestra semana de estancia en Méjico. Vamos, que más de uno estuvo a punto de no poder aguantar más la espera y largarse como fuese, pero la realidad de la vida manda, hay que aguantar hasta el 6 de Junio.

El 24 de Abril, leyendo el periódico internauta vemos una noticia inquietante: una extraña epidemia de gripe se ha desatado en Méjico. Comienzan las incertidumbres. ¿Qué consecuencias tendrá?, ¿podremos realizar nuestro viaje?. La calma se impone, todavía falta mucho para el 6 de Junio, y decidimos esperar a ver como se desarrollan los acontecimientos. Los hechos los conocéis ya todos, la gran alarma y las, hasta ahora al menos, reducidas consecuencias de esa gripe. Pero el gran mazazo llega el día 8 de Mayo: se cancelan todos lo vuelos charter de Mayo... ¿y los de Junio?: “todavía no“. Todo el grupo se conmociona, nuestro viaje por los suelos. La gente reacciona pronto y se buscan destinos alternativos, mayoritariamente en la isla de El Hierro. ¿Todos?, no, casi todos, porque dos buceadores, junto con nuestras respectivas parejas no buceadoras, decidimos mantener el rumbo, eso sí con todavía más incertidumbres si cabe.

Los días trascurren y la fecha se aproxima. Las noticias de las agencias de viaje van mejorando cada día, podemos dar por casi seguro el viaje.

Pero, ¿y la gripe?. Pues preguntando e indagando vemos que realmente no hay motivo para cancelar el viaje por ella. Es más hay otros destinos aparentemente “más peligrosos“ y nadie los menciona como tales. Eso sí alguna cara extrañada tuvimos que ver al comentar que nos íbamos para Méjico.

Por cerrar aquí el tema de la gripe, aclarar que no vimos ni una sola mascarilla, que nadie nos comentó que conociese a ningún afectado, y que a día de hoy pasados los 10 días desde nuestro regreso no tenemos conocimiento de ningún contagio...¿Han machacado la economía de una región y sus habitantes sin motivo?. A mí me parece que sí.

EL CENTRO DE BUCEO

Por fin llega el 6 de Junio. Según lo programado salimos desde Madrid, donde nos unimos a otro grupo de 2 buzos y 2 no buzos con destino a Playa del Carmen, conformando un grupo de 8 personas que disfrutamos juntos del viaje.

El día 7 con puntualidad germana, mal que le pese, a las 7:30 a.m. allí estaba Pepe Esteban en la puerta del hotel para llevarnos a bucear. Lo que en algún momento nos había llegado a parecer imposible al final estaba ocurriendo.

A partir de ahí entramos en el mundo de Pepe Esteban y Vicente Fito. Y digo esto porque consiguen crear una atmósfera que te impregna hasta parecer vivir realmente en otro mundo.

Y qué hay en ese mundo. Pues primero mucha amabilidad y luego unos grandes deseos de hacernos disfrutar. Y por supuesto grandes colaboradores, de entre los que tengo que destacar a Lalo Baños, descendiente de riojanos, Nico y Willy, por ser los que nos acompañaron en las sucesivas inmersiones. Y en ese mundo nos vamos metiendo todos los buceadores que nos vamos conociendo en ese momento, por cierto todos españoles (no los mento que la lista es muy larga y no quisiera dejar a nadie fuera). Parece que los asiduos del centro tenemos que cumplir ciertos requisitos que sólo el carácter latino puede reunir. Aunque sea difícil explicarlo creo que todo el mundo lo va a entender: el objetivo es disfrutar del buceo y estamos en manos de grandes profesionales que saben como conseguirlo. ¿Qué importan entonces los planes preconcebidos?, ¿qué importan los centros lujosos?.

Porque el Centro de Pepe y Vicente, tengo que reconocerlo, al principio sorprende. Claro les faltó un arquitecto...El acceso se realiza por la zona de endulzado y eso no te lo esperas, pero tras atravesar un angosto pasillo llegas a un amplia aula, que da acceso al vestuario, con zona de duchas al aire libre; a la cocina; al despacho de dirección y al “quirófano“ de Pepe, taller digno de ver, con un caos en el que sólo el dueño es capaz de encontrar algo, y en el que por tanto nadie puede tocar nada.

Pero quién necesita tener alicatada la zona de endulzado, si muchos días te dejan en el hotel y se llevan tu equipo al centro, donde te lo encuentras endulzado al día siguiente. Y quién necesita saber donde tiene la herramienta Pepe, si cuando tienes un problema en tu regulador él te lo soluciona. ¿En cuántos centros habéis visto hacer eso?.

EL BUCEO

Pero hablemos del buceo, que se supone que esto es una crónica de eso.

Para abrir boca, Playa del Carmen, con Pepe de guía. Traslado de equipos a la Playa, de allí a la barca a montarlos. Abre grifo, cierra grifo, abre, cierra. Consejos, instrucciones y recomendaciones de Pepe. Equipados y al agua. Un metro para abajo y glup, ni gota de aire, ¡mierda el regulador recién revisado por nosotros ha debido fallar!, ¡no el manómetro está a cero!, ¡la botella cerrada!. En superficie pido ayuda al barquero, pero antes de que éste reaccione, ahí está Pepe a mi lado preguntando que pasa. Botella abierta y para abajo, para la maravilla del Mar Caribe: visibilidad enorme, 29°C de temperatura, y una corriente que nos arrastra ya agrupados tras Pepe. Tortugas, sábalos, ballestas, coral..., una maravilla. Y Pepe pendiente de todos, de los que llevan menos aire, de los que llevan más. Poco a poco por grupos emergemos.

De nuevo a la barca, de nuevo las risas, y allí sigue la actividad imparable de Pepe que lo llena todo.

Segunda inmersión. Más de lo misma maravilla, ...pero esta vez con la botella abierta desde el principio. Grandes bancos de peces se agolpan delante de pequeñas oquedades donde se ocultan verdes morenas gigantes. Y de nuevo Pepe pendiente de todos, ofreciendo aire a los que andaban escasos, para que todos disfrutemos un poco más, y dirigiendo la inmersión del grupo como si cada uno de nosotros buceásemos sólo con él.

Vuelta al centro y vuelta al hotel, típicamente turístico que es a lo que podemos acceder, donde todos y cada uno de sus empleados nos trataron con amabilidad exquisita, lo que sin duda contribuye a que cojas aprecio a un lugar.

El segundo día nuestro destino es Cozumel, esta vez guiados por Vicente. Llegamos a coger el ferry a las 9, pero la disminución de turistas ha hecho que lo suprimieran, tenemos que esperar hasta las 10, pero no pasa nada, mejor dicho sí, pasamos un buen rato charlando.

A las 10 sale el ferry, llegamos a Cozumel y al barco. Pero antes siguiendo los consejos de Vicente, compramos en un “chiringuito-chiringito“ un bocadillo “especial Vicente“, que nos parecería el mejor manjar del mundo tras la primera inmersión.

Qué decir de las inmersiones. Pues que justifican la fama a nivel mundial del buceo en Cozumel. El arrecife espectacular que cae a profundidades vedadas para nosotros, vida por todos los rincones, y esa corriente que hace de las “caribeñas“ las inmersiones más relajantes del mundo. Dos inmersiones guiadas por Vicente con la misma maestría que demostró Pepe, pero sobre todo con el mismo afán de que todo el mundo se sintiese cómodo. Para ello no dudan en llevar una botella de aire extra, con la que ayudar a que los buzos disfrutemos un poco más si cabe. Comer a todo correr para coger el ferry de vuelta, y al hotel.

El tercer día vamos a descubrir uno de esos oscuros objetos del deseo de la mayoría de buceadores: CENOTES.

No sé cuantos hay, creo que cientos, y por lo que sé todos tienen sus peculiaridades e incluso sus grandes diferencias. Nosotros vamos a empezar por los “sencillitos“, pero después de bucear en ellos lo puedo decir: SON FASCINANTES.

Así cogemos la carretera un grupo de sólo cuatro buzos, el resto van a otros destinos, guiados por Nico. Hoy no hay barco, hay coche. Nos equipamos y descendemos a la entrada del Cenote Chac Mool, donde Nico nos da una fenomenal charla sobre como debemos bucear allí. Por fin al agua, ¿agua?, pero si es tan transparente que realmente parece que no hay. Liberados de gran parte del lastre y con la diferente sensación que produce el agua dulce, nos sumergimos en ese fascinante mundo subterráneo y subacuático. La luz que penetra por sucesivas oquedades nos hace disfrutar de sensaciones totalmente nuevas. El paso por otro de los accesos es el momento álgido de contraluces. Tal como nos anunció Nico atravesamos una zona de haloclinas, donde se producen curiosos efectos visuales, pasando de la máxima visibilidad a la máxima borrosidad.

Emergemos y tras un rato en superficie, volvemos a penetrar en el laberinto de túneles. En esta inmersión ascendemos en una cavidad aérea en el tramo final de la inmersión. Al volver a sumergirnos el oído me protesta, no consigo compensar, pero el sistema de señales funciona y Nico nos conduce a la salida.

A la vuelta nos deja en el hotel, donde descansamos toda la tarde, para recuperar fuerzas para la nueva jornada de cenotes que nos espera al día siguiente.

Esta vez nuestro destino es Dos Ojos, vamos siete buceadores guiados por Pepe y Willy. En Cenotes se bucea con una ratio de 1 guía, equipado con bibotella, para cuatro buzos como máximo. Este cenote no tiene haloclinas. Sus aguas igualmente transparentes, las estalactitas y estalagmitas sumergidas, las salidas a través de grandes cavernas guiadas por el contraluz, con los focos apagados, hacen que cuando terminamos la segunda inmersión, y ya la última de nuestro viaje, alguno no quisiera salir, agarrándose imaginariamente a ese mundo fantástico, casi irreal, fuente de una placentera sensación de relajación total.

VIDEO CENOTES

Incluso para los que las cuevas, o cavernas, no son nuestro objetivo en el buceo, no cabe duda de que el buceo en los CENOTES, es una experiencia que ningún buzo debiera perderse.

Terminamos comprando un CD con fotos y video, ¡ah el turismo!, que la simpática prima de Willy nos hizo, y comiendo unas tortas en un chiringuito. Algún valiente se atrevió con los chiles habaneros y todavía recuerdo las lágrimas aflorando por sus ojos.

EL TURISMO

Acabado el buceo dedicamos una jornada a visitar las ruinas de dos ciudades mayas: Cobá y Tulum. Descartamos Chitzen Itza por estar algo más distante.

Los servicios de Pepe y Vicente no se acaban con el buceo, pues ejercen de asesores turísticos para evitar que caigas en las redes del superturismo masificado. Ellos nos pusieron en contacto con un chofer que nos llevó a los 8, en su flamante furgoneta de pasajeros climatizada, a lo largo de toda la jornada, por un precio que no recuerdo pero que a todos nos pareció módico.

Visitamos Cobá con muy poca afluencia de gente, por el bajón del turismo y porque fuimos a primera hora, subimos, lo que no tiene mayor mérito, a la gran pirámide, realmente recostada sobre una colina, y bajamos, eso sí que ya requiere algo más de valor pero como no te queda más remedio todo el mundo lo hace. Lo que más me llamó la atención, aparte de la pirámide, fueron las canchas del juego de pelota.

De camino a Tulum paramos en un cenote a refrescarnos. Por una boca de pozo se accedía a un gran espacio abovedado, en el que una escalera nos permitía descender al agua cristalina. Iluminado parecía una gran piscina cubierta de planta circular, eso sí construida por la madre naturaleza.

Antes de entrar a Tulum paramos a comer. El lugar era más bien turístico, pero la comida me resultó espectacular. Las ensaladas iniciales ligeramente picantes, hicieron que los chiles entrasen luego como inofensivos pimientitos. Eso sí recordando las lágrimas del compañero el día anterior, no me atreví con los habaneros.

Visitamos Tulum, emplazada al borde del mar, que resultó realmente cautivadora a pesar de que la afluencia de turistas ya era más notable.

Para terminar la jornada, nuestro chofer nos llevó a otro cenote, este descubierto, con apariencia de río y al borde del mar, con el que se comunica por pasos subterráneos. Este cenote se hace también con equipo de buceo, iniciándolo en el agua dulce y saliendo por esos pasos al mar, donde emerges del fondo para sorpresa de los bañistas. Lo probaremos en el próximo viaje. Aquí algunos nadamos un rato alejándonos de la costa, dejándonos llevar de regreso por la ligera corriente que fluye hacia el mar. El resto de grupo nos esperó con una cervecita en la playa. El Caribe es así.

EL TIBURÓN BALLENA

Era el último punto del programa pendiente. La temporada estaba recién empezada, pero ya se habían divisado. Así que lo intentamos.

A las 3:30 de la noche, sí no me he equivocado, salíamos del hotel en la misma furgoneta que el día anterior, en dirección a la isla de Holbox. Adormilados fuimos atravesando la Península de Yucatán, hasta llegar a la costa donde embarcamos para cruzar a la isla. Allí Pepe nos llevó a desayunar antes de iniciar la travesía en busca del mítico tiburón ballena.

El mar estaba como un plato, lo que nos animaba a disfrutar más de las luces y colores tan especiales que tanto el agua como y aire nos mostraban.

En medio de la travesía un aliciente más: Mantas Diablo. Algunos nos pusimos rápidamente las aletas y nos pudimos lanzar a nadar junto a ellas. Guardaré el recuerdo de ese momento en el que junto a otro compañero nos colocamos al rebufo de una, que nos “arrastró“ durante unos instantes inolvidables, hasta que decidió abandonarnos. Buen comienzo de la jornada.

VIDEO MANTA DIABLO

VIDEO MANTA DIABLO

Por fin llegamos a la zona de avistamientos. Y allí estaba un tiburón ballena esperándonos. Iniciamos las maniobras de aproximación, y en cadena nos fuimos tirando a nadar con él. Todo está programado y estipulado. La barca adelanta al tiburón, cruzándose en su trayectoria. Siempre por estribor 2 buzos, en este caso apneistas, se lanzan a la orden del patrón acompañados por un guía. Nadan en dirección al tiburón, al que de repente se encuentran de frente con su enorme boca recolectora de plancton, hasta que al cruzarse se colocan a su lado, a la altura de los ojos. En ese momento intentan mantener su velocidad, que la verdad en el ejemplar que nos tocó no era alta, como si no le importunara nuestra compañía, tratándonos como si fuésemos una rémora más de su cohorte. No olvidaré jamás la mirada que en un momento determinado me dirigió..., me transmitió la tranquilidad de un animal que parecía en ese instante el rey del mar.

Así unos tras otros todo el grupo disfrutamos de la experiencia, incluso los no buceadores no pudieron resistirse y gozaron de nadar junto al mayor de los peces. En las sucesivas zambullidas íbamos cogiendo más soltura y, aprovechando el lento navegar del tiburón, picábamos bajo la superficie para contemplarlo desde todos los puntos de vista posibles.

VIDEO TIBURÓN BALLENA

VIDEO TIBURÓN BALLENA

Pasaron las horas sin darnos cuenta y llegó el momento del regreso. Los bocadillitos que el organizado Pepe nos llevó, permitieron que soportáramos hasta llegar de nuevo a la isla, donde disfrutamos de una agradable comida, helados de postre incluidos. Y de nuevo a Playa del Carmen, eso sí con una parada en la selva para ver monos-araña, que Pepe no estaba dispuesto a dejarnos un minuto libre.

Y al día siguiente...vuelta a casa, con toda la nostalgia de dejar allí a unas personas y a un lugar que nos hicieron pasar una semana maravillosa, y con todas las ganas del mundo de volver pronto.

PINCHE PEPE... ¡PERO QUÉ FEO ERES CABRÓN!, que sepas que cumplimos el programa establecido en su totalidad e incluso en el mismo orden programado.

HASTA LA PRÓXIMA.

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